Historia de Paterna.
De villa romana a la Cordà declarada Bien de Interés Cultural. Dos mil años de una ciudad que sigue sorprendiendo a quien se para a mirar.
Paterna suma cerca de dos mil años de historia habitada. Desde los yacimientos neolíticos de La Vallesa hasta convertirse en una de las ciudades más pobladas del área metropolitana de Valencia, cada época ha dejado capa. Este recorrido resume, con datos verificados en las fuentes municipales, cómo la villa romana, los ceramistas medievales, los señores feudales de la casa Luna y la industrialización del siglo XX fueron dando forma a la Paterna actual.
Los orígenes: prehistoria e íberos
Los primeros vestigios de ocupación humana en el término municipal aparecen en las partidas de La Vallesa y Despeñaperros. Los yacimientos documentan hachas de sílex, cerámica cardial, agujas y arpones de hueso, materiales que sitúan a estos asentamientos entre el Neolítico y la Edad del Bronce.
En época ibérica, el poblado de La Vallesa alcanza cierta entidad. Se levanta sobre un promontorio con función defensiva, muy próximo al río Turia, y ha entregado piezas de cerámica ibérica y piedras de rodeno para triturar el grano. No llega al peso de la vecina Edeta ni de su órbita (Castellet de Bernabé, Puntal dels Llops), pero la proximidad geográfica hace pensar en contactos regulares.
La huella de Roma en Paterna
Con la llegada de Roma la vida cambia lentamente. Las referencias documentales son escasas y proceden sobre todo de fuentes literarias romanas ligadas al eje Valentia-Edeta-Saguntum, apoyadas en hallazgos epigráficos y numismáticos. Sobre el terreno se conservan una estela funeraria en la Masía de Febo y restos de una villa romana bajoimperial.
Los descubrimientos de la última década son los que están reescribiendo el peso real de Paterna en época romana. En la calle de los Huertos apareció un enorme horno del siglo I, evidencia de una producción cerámica de cierta importancia. Y en el desarrollo urbanístico de la calle del Santísimo Cristo de la Fe se están excavando los cimientos de una gran villa romana con habitaciones bien definidas y área de producción de la tríada mediterránea: vid, olivo y cereal.
La toponimia refuerza esa presencia. Se acepta como origen del nombre el latín paternus, referido no a una posesión física sino al estatus social o jurídico del dirigente local. También se conservan restos de un acueducto que arranca cerca del Mas de Vélez, toma agua del Turia y, alternando tramos superficiales y subterráneos, llega hasta Lloma Llarga para seguir en dirección a Sagunto.
La Paterna musulmana: cerámica y regadío
Es en época musulmana cuando Paterna gana un primer esplendor claro, sobre todo por su actividad cerámica y manufacturera. Los restos arqueológicos incluyen el cementerio, el acceso a la mezquita (en el lateral de la actual iglesia de San Pedro) y plantas de edificaciones y viviendas.
El otro gran salto es agrícola: se amplían las tierras de regadío y se introducen cultivos hasta entonces desconocidos como el arroz, la morera y la caña de azúcar. Es el momento en que se levanta también la Torre defensiva de Paterna, integrada en una red de atalayas junto a Bofilla y Espioca que vigilaba los caminos hacia Valencia.
Jaume I entra en Paterna sin combate
Recogen las crónicas —Zurita, en los Anales de la Corona de Aragón— que Jaume I no toma Paterna por las armas: la entrada cristiana es pacífica y se produce en abril de 1238. El Llibre del Repartiment entrega las alquerías de Paterna y Manises a Artal de Luna, uno de los designados por el rey para redactar los Furs y miembro de una familia aragonesa de tal peso que llegará a emparentar con la corona: María de Luna se casará con Martín el Humano.
Sobre el Calvari, el Llibre del Repartiment hace entrega a Artal de Luna de la alquería de Paterna «junto con su castillo». El baluarte, dominante sobre el Turia, será demolido en 1348 durante la Guerra de la Unión y desaparecerá definitivamente en el siglo XVIII.
Los Luna, la cerámica y los socarrats
Durante los siglos XIII al XV la villa vive bajo el señorío feudal de los Luna. Es la etapa de mayor prestigio productivo: los testares, hornos y talleres confirman una producción cerámica intensa, y sus piezas figuran en palacios y centros de poder por toda Europa.
Junto a la loza dorada aparecen los socarrats: piezas rectangulares de arcilla decoradas, empleadas para cubrir los techos de las casas. Más allá de su valor artesanal, se han convertido en una seña de identidad paternera. Hoy se pueden ver en el Museo Municipal de Cerámica.
Los Luna, la cerámica y los socarrats
Durante los siglos XIII al XV la villa vive bajo el señorío feudal de los Luna. Es la etapa de mayor prestigio productivo: los testares, hornos y talleres confirman una producción cerámica intensa, y sus piezas figuran en palacios y centros de poder por toda Europa.
Junto a la loza dorada aparecen los socarrats: piezas rectangulares de arcilla decoradas, empleadas para cubrir los techos de las casas. Más allá de su valor artesanal, se han convertido en una seña de identidad paternera. Hoy se pueden ver en el Museo Municipal de Cerámica.
Del deterioro económico a los Condes de Villapaterna
El siglo XVI marca el declive. Cesa la producción cerámica y con ella el prestigio productivo de los siglos anteriores. Las Germanías, revuelta popular de fuerte carga antiseñorial, dejan a la villa expuesta a la represión del Virrey y del propio Duque de Segorbe, señor de Paterna.
Poco después, el decreto de expulsión de los moriscos de 1609 despuebla y paraliza económicamente el municipio durante décadas. Es un golpe del que Paterna tarda en recuperarse.
El siglo XVIII trae el cambio de titularidad señorial. El 30 de julio de 1746 el Duque de Segorbe y Medinaceli vende la jurisdicción de Paterna a Antonio Pando y Bringas, que se convierte en primer Conde de Villapaterna. En 1760 el nuevo señor mandará construir el Palau, hoy sede del Ayuntamiento, y en las últimas décadas del siglo se reedifica la Iglesia de San Pedro con proyecto de Antonio Gilabert y Lorenzo Martínez.
Agricultura, cuevas y ensanche
En el siglo XIX la agricultura se convierte en actividad prácticamente única. Se levanta una cantidad importante de cuevas-vivienda —no requerían material constructivo y aprovechaban terrenos de propios— y la villa vive de sus molinos harineros, que llegan a producir a mediados de siglo el mayor volumen de harina de toda la provincia.
La segunda mitad del siglo trae dos hitos infraestructurales. En 1866 se canaliza el agua hasta la fuente de la Plaza y en 1888 se inaugura el ferrocarril de vía estrecha. En paralelo se aprueba el plan de ensanches y se levanta la nueva Casa Consistorial (1881), hoy sede del Museo Municipal de Cerámica.
La zona de Campamento se convierte por esos años en segunda residencia de la burguesía valenciana: la construcción de chalets, la instalación del campamento militar y el propio ferrocarril de vía estrecha explican ese primer asentamiento residencial fuera del casco.
Industria, inmigración y crecimiento
Paterna entra en el siglo XX con 3.500 habitantes. La cifra actual supera holgadamente los 70.000: es probablemente el mejor resumen de todo lo que ocurre entre 1900 y 2000. La corriente inmigratoria alcanza sus máximos entre los años 50 y 70, empujada por el fuerte desarrollo industrial en torno al Polígono Fuente del Jarro, que dispara la demanda de mano de obra y transforma para siempre el mapa social y urbanístico.
Al eje industrial se suma con el tiempo el Parque Tecnológico, dedicado a los últimos avances, y la ciudad de negocios Táctica. La consolidación del sector servicios y las peculiaridades del extenso término municipal convierten a Paterna en polo residencial: se levantan nuevos núcleos poblacionales al margen del casco antiguo, entre ellos La Canyada, Terramelar, La Coma, Cruz de Gracia, Mas del Rosari y Lloma Llarga/Valterna.
La Cordà, seña de identidad
La Cordà de Paterna es hoy el acontecimiento pirotécnico más reconocido de la villa. Se celebra en la madrugada siguiente al último domingo de agosto, día del Santísimo Cristo de la Fe y San Vicente Ferrer, y llena la calle Mayor de miles de personas venidas de toda la comarca.
Los reconocimientos oficiales acompañan al arraigo popular: Fiesta de Interés Autonómico en 2007, Fiesta de Interés Nacional en 2017 y, en 2022, Bien de Interés Cultural Inmaterial declarado por la Generalitat Valenciana.
Paterna hoy
Con más de 70.000 habitantes, Paterna es una de las ciudades más grandes del área metropolitana de Valencia. Su tejido económico combina el polígono industrial más importante de la Comunitat, el Parc Tecnològic, una zona comercial potente y un casco histórico que sigue actuando como corazón festivo, social y patrimonial. El término municipal ocupa 3.700 hectáreas, de las cuales 1.832 son suelo rústico no urbanizable —una proporción que explica la calidad de sus parajes naturales y del corredor del Turia.
Ahora que conoces la historia.
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